#075 🤡 Especial estupidez: cuatro tipos de persona, siete factores y una pregunta incómoda
Marcos morales, contra la empatía y el último encuentro de la comunidad antes de verano
Según el historiador Carlo Cipolla, existen cuatro tipos de personas: los incautos, los bandidos, los inteligentes y los estúpidos.
Los incautos son las personas de las que se aprovechan los demás. Los bandidos, quienes se aprovechan de los demás. Los inteligentes, quienes benefician a los demás a la vez que se benefician a sí mismos. Y los estúpidos, quienes perjudican a los demás a la vez que se perjudican a sí mismos.
En esta edición especial de la newsletter, volvemos a un tema al que ya hemos dedicado varios episodios del podcast: la estupidez humana.
¿Qué es la estupidez?
Al igual que pasa con la inteligencia, si preguntas a cinco personas distintas, lo más probable es que obtengas cinco respuestas diferentes. Para el propio Cipolla, la estupidez es causar daño a los demás sin obtener ninguna ventaja. Si nos vamos a la RAE, la estupidez es «la torpeza notable en comprender las cosas».
Con estas dos definiciones, muchos pueden pensar que la estupidez es lo contrario de la inteligencia. De hecho, en la propia entrada de la RAE, uno de los antónimos de «estupidez» es precisamente ese. Pero las personas inteligentes también cometen estupideces. Nadie lo expresó mejor que Dostoyevski en Crimen y castigo, cuando escribió: «Se requiere algo más que inteligencia para actuar inteligentemente». Entonces, ¿qué es la estupidez?
Hace ya seis años, en el episodio 31 del podcast, apareció en kaizen Adam Robinson, un tipo difícil de encasillar. Fue maestro de ajedrez, creó una empresa con la que descifró cómo sacar mejores resultados en los exámenes de admisión a la universidad en Estados Unidos (por supuesto, lo petó) y es asesor de algunos de los mayores fondos de inversión del mundo.
Un buen día, un organizador de una conferencia de inversión en las Bahamas, a la que asistían inversores de élite de todo el mundo, le pidió a Robinson que diera una charla sobre el tema que quisiera, siempre que no fuera de inversiones. El tema que eligió fue la estupidez.
Robinson entendía que la estupidez no es lo contrario de la inteligencia, sino el precio que pagamos por aplicar la propia inteligencia en un entorno complejo. Tras un mes de intensa reflexión, consiguió definirla:
La estupidez es pasar por alto información crucial (más te vale prestarle atención) y evidente (la tienes delante de las narices).
Si la información es crucial y evidente, ¿por qué la pasamos por alto? O reformulando la pregunta:
¿Por qué cometemos estupideces?
Lo primero que hay que entender es que cualquiera puede cometer una estupidez. Napoleón intentó invadir Rusia. Kennedy apoyó la operación de Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro. Y la NASA ignoró las advertencias de sus ingenieros sobre los riesgos del Challenger. Hasta las personas más exitosas e inteligentes de la historia han cometido y seguirán cometiendo estupideces, y, sí, eso también te incluye a ti.
En esa charla en las Bahamas, Robinson compartió siete factores que disparan las probabilidades de meter la pata:
Salir de tu entorno habitual o cambiar de rutinas.
Decidir dentro de un grupo.
Estar ante un experto, o creerte tú el experto.
Obsesionarte con un objetivo hasta perder de vista todo lo demás.
El exceso de información.
El estrés, el cansancio o la enfermedad.
Las prisas.
Si te fijas, son factores que pueden aparecer en situaciones corrientes y no hace falta ser un idiota para caer en ellos. Basta con que se te complique un poco el día. Cuando eso ocurre, ¿qué podemos hacer?
¿Cómo lidiar con la estupidez?
La primera solución que se nos ocurre a todos es hacer una lista con los siete factores y repasarla antes de tomar cualquier decisión importante para que no se nos pase ninguno. El cirujano Atul Gawande escribió un libro entero, The Checklist Manifesto, para demostrar que una simple lista de verificación salva miles de vidas en los quirófanos. También tiene su propio episodio en el podcast, por si no estás muy por la labor de leer más de doscientas páginas sobre el poder de las checklists (aunque es un libro inesperadamente entretenido, pese a su título).
El problema es que muchos de estos factores son también la materia prima de las buenas decisiones. Trabajar en grupo te da puntos de vista que tú solo no tendrías, escuchar a un experto te ahorra años de errores y obsesionarte con un objetivo es justo lo que evita que te disperses. Salir de tu entorno habitual y lidiar con exceso de información suelen ser la norma cuando nos enfrentamos a fenómenos complejos. Y el estrés o las prisas son, muchas veces, inevitables.
La línea entre tomar la decisión correcta y cometer una estupidez no está tan clara como la que separa el blanco del negro. Por eso, pasar una checklist con los siete factores de Robinson no es una vacuna que erradique la estupidez.
¿Cómo convivimos con la estupidez?
Si ni una lista nos salva, quizá el error sea empeñarse en buscar una solución universal, porque todos podemos ser estúpidos en el contexto equivocado. La estupidez es parte de la naturaleza humana y quien crea haberla eliminado de su cabeza es justo el que más debería preocuparse.
Para Cipolla, la diferencia entre el estúpido y los demás es la consciencia. El inteligente sabe que lo es; el bandido, también; y hasta el incauto intuye que algo no le cuadra. Pero el estúpido es el único que ignora su condición.
Quizá hacerle frente a la estupidez no consista en vencerla, sino en convivir con ella sin dejar que nos gane. Eso pasa por aceptar que vamos a meter la pata, no creérnoslo demasiado cuando acertamos y seguir siendo curiosos. Y ser curioso (que al final es de lo que va kaizen) también es asomarse a la estupidez propia y hacerse de vez en cuando, sobre todo cuando estamos seguros de tener razón, una pregunta incómoda: ¿y si el estúpido soy yo?
Porque como decíamos en uno de los episodios, la fortuna favorece a los valientes. A los valientes que, de vez en cuando, se paran a comprobar que no están cometiendo estupideces.
🎙️ Episodio de la semana: #274 Marcos morales: un mono cabreado, un capitán de barco y un psicólogo anti-empatía
¿Qué tienen en común un mono que le tira un pepino a un investigador, un capitán que le clava una navaja a un grumete y un psicólogo que dice que la empatía es un sesgo? Esta semana hablamos de marcos morales. Y por el camino:
⚓ Una decisión que partió un país en dos
🐘 El elefante y el jinete
🌍 Los tres grandes lenguajes morales
💭 Y mucho, mucho más
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📅 ¡Llega el último encuentro de la temporada antes de nos despidamos un par de meses a recargar energías! Será el martes, 30 de junio a las 18:30. Hablaremos de: 📚Torcuato Luca de Tena - Los renglones torcidos de Dios, 🎬 Woody Allen - The Purple Rose of Cairo (1985, «La rosa púrpura de El Cairo») y 🍈 sobre si se puede separar el autor de la obra. Puedes apuntarte aquí.
❤️ Recomendación de la semana: Contra la empatía
El psicólogo Paul Bloom escribió hace unos años este libro que plantea que la empatía es un sesgo y que ha inspirado parte del episodio de este semana. El título no fue un ejercicio de disimulo: Against Empathy, «En contra de la empatía».
Paul Bloom – Against Empathy (en castellano: «En contra de la empatía»)



