#076 📷 La nostalgia por lo no vivido
Preguntas y respuestas, el último encuentro de la comunidad antes de verano y ser escritor en la era del influencer
Si pudieras nacer en cualquier época y lugar de la historia, ¿cuál sería?
¿La Grecia de Sócrates y Platón? ¿O el Imperio Romano de Marco Aurelio? ¿Quizás la Florencia del Renacimiento? ¿O eres más de los felices años 20 de Estados Unidos?
Casi todos tenemos una respuesta aunque no hayamos vivido en ninguno de estos tiempos. Y detrás de esa respuesta hay una emoción que hasta hace muy poco no tenía nombre.
Poner palabras a las emociones
Hay algo reconfortante en encontrar una palabra que nombra lo que sientes. Al leerla, descubres que no estás loco, que simplemente eres un ser humano viviendo una circunstancia extraña por la que otros también han pasado. Por ejemplo, los alemanes utilizan schadenfreude para referirse al placer que nos produce la desgracia ajena. O los daneses usan hygge para expresar el bienestar que aparece en un entorno íntimo y compartido de manta y café.
Con esta idea de bautizar emociones que todos vivimos pero que ningún idioma les ha puesto nombre todavía, John Koenig inició su proyecto Dictionary of Obscure Sorrows. Primero como blog, después como canal de YouTube y luego como un libro que se ha convertido en bestseller (y que se ha traducido al castellano como el Diccionario de tristezas sin nombre).
Entre sus páginas se pueden encontrar términos como sonder: darte cuenta de que los demás tienen una vida tan vívida y compleja como la tuya, vemödalen: el miedo de que la originalidad ya no sea posible, o onism: darte cuenta de lo poco del mundo que vas a experimentar en tu vida. Cada palabra podría tener su propia reflexión o episodio del podcast, pero esta vez vamos a centrarnos en la anemoia.
La anemoia es la nostalgia de lo no vivido que, como dice una de las letras de Loquillo, es «como una resaca sin haber bebido». La palabra es una suma de dos términos griegos. El primero es ἄνεμος (ánemos), viento; y el segundo es νόος (nóos), mente. Koenig la imagina como un viento que sopla en la mente y nos empuja hacia épocas y lugares que nunca hemos vivido.
Hace unos meses, en el podcast, hablamos de otro nombre para esta misma emoción: la fauxtalgia (de faux, «falso» en francés), la añoranza profunda por un pasado que nunca viviste. Menos poética que la anemoia, pero más precisa. Porque no es solo nostalgia, es nostalgia de algo que ni siquiera has vivido.
Se observa sobre todo en la Generación Z, que añora la «sencillez» y la «autenticidad» de un mundo pre-internet que nunca conocieron, pero que imaginan como un refugio seguro frente a un presente que sienten que les supera. Este sentimiento les lleva, por ejemplo, a gastar dinero en tecnología que nunca llegaron a usar (Gameboys, Walkmans o «teléfonos tontos»). No echan de menos algo que perdieron. Echan de menos algo que imaginaron. Pero no son los únicos.
Esta falsa nostalgia también aparece, por ejemplo, cuando miras una foto antigua y te invaden las ganas de cruzar el marco, o cuando estás leyendo uno de los pasajes de las Meditaciones de Marco Aurelio y te entran ganas de viajar en el tiempo a su tienda de campaña para poder hablar con él, o cuando escuchas una canción de los Beatles y viajas mentalmente a los años 60.
Todo tiempo pasado fue… inventado
Ese pasado que añoramos nunca existió. Soñamos con formas de vida lentas y profundas que han sido siempre la excepción y no la norma. La aldea tranquila, el oficio hecho a mano, las tardes sin prisa…
Para la inmensa mayoría de la gente que vivió en esos siglos, la vida era corta, dura y cualquier cosa menos lenta. Pero es que incluso si hemos vivido esa época pasada, el pasado no es como lo recordamos. Porque la memoria nos la juega y la adolescencia que recuerdas como idílica tuvo momentos de mierda aunque ahora no los recuerdes.
Esta idealización de nuestro pasado ocurre porque nuestra memoria no funciona como un reproductor de vídeos detallados de lo que vivimos. Nuestra memoria funciona más como uno de estos modelos de inteligencia artificial generativa de vídeo que, a partir de un prompt o de una imagen, crea el vídeo completo. Nuestra memoria hace algo parecido y, partiendo de un detalle (una foto, una canción o una pregunta), reconstruye esa época. Dicho con otras palabras: cada vez que recordamos distorsionamos y reescribimos nuestras memorias.
Y si nuestra mente hace eso con tu propia vida, imagina lo que hace con siglos que solo conocemos por sus momentos estelares. Del Renacimiento recordamos a Leonardo Da Vinci y el florecimiento del arte, pero nos olvidamos de la peste. De los años veinte estadounidenses, recordamos los bailecitos y el adjetivo «felices», pero ni rastro de la gripe de 1918 (se cree que la segunda pandemia con más muertes de toda la historia, después de la peste) ni de las operaciones sin anestesia.
Esto es una constante a lo largo de la historia. Ya te hemos contado alguna vez que Hesíodo, hace casi tres mil años, hablaba de una época pasada a la que llamó la Edad de Oro, en la que los hombres vivían como dioses. Su tiempo, que él llamaba la Edad de Hierro, lo describe como una época de fatiga, miseria y brutalidad. ¿Tan diferente es la crítica social que hoy Byung-Chul Han hace de nuestra época?
Nos contamos que la edad dorada quedó atrás, que antes se vivía mejor, que éramos felices y no lo sabíamos. Pero si pudiéramos asomarnos por una ventana a cualquiera de esos pasados idealizados, encontraríamos a sus habitantes recordando un ayer supuestamente mejor.
Y con nuestro tiempo pasará lo mismo. Seguramente alguien mirará atrás, hacia nuestro 2026, y sentirá anemoia. Echará de menos algo de hoy que nosotros estamos demasiado cerca para ver. Y aunque todavía no hay una máquina del tiempo que cure esta nostalgia por un pasado no vivido, al menos sabemos que nuestra memoria no es de fiar y contamos con una palabra para nombrarla.
🎙️ Episodio de la semana: Q&A17: el hype de la IA, educación, teorías universales, libertad, humor e inteligencia
¿Qué tienen en común la inteligencia artificial, la evolución del universo y la esencia de nuestra propia libertad? Pues, para empezar, este capítulo de preguntas y respuestas. Hablamos de:
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⛓️ ¿Libres sin alternativas?
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Una reflexión interesante sobre la profesión de escritor en la economía de la atención y la era de redes sociales.
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