#062 🌱 No gestiones información. Cultiva conocimiento.
La vía del eterno aprendiz, encuentro en Madrid con Joan Tubau, «Information Anxiety» y mucho más
Para la newsletter de esta semana hemos conseguido liar a Elena Madrigal.
Por si todavía no la conoces, Elena está detrás del proyecto Aprende Notion y la newsletter MakinProcess. Comparte cada quince días reflexiones y recursos para pensar diferente y crear de manera consistente y sostenible. Y ha sido una de las pioneras en castellano en poner sobre la mesa temas como la creators economy, el segundo cerebro, la economía de la atención y los jardines digitales.
Hace algunos años, Elena creó la kaizenpedia, un directorio para navegar por TODO el contenido de las cinco primeras temporadas de kaizen. Hoy vuelve a kaizen para ayudarnos a pensar mejor sobre la relación que tenemos con nuestra atención. Para los más cafeteros en la gestión del conocimiento, encontraréis una recomendación final muy pero que muy interesante.
Ahora sí, os dejamos con Elena.
No gestiones información. Cultiva conocimiento.
A poco que te muevas por internet, no puedes dejar de sorprenderte con todo lo que ofrece para aprender y ampliar tu visión del mundo.
Y, sin embargo, la sensación generalizada es exactamente la contraria: no somos capaces de gestionar tanta información, tantos estímulos. Nos cuesta cada vez más retener lo que leemos, profundizar, mantener la atención.
Es lo que se ha venido a llamar infoxicación (la incapacidad de tomar decisiones, no por falta de información, sino por su exceso) o directamente brainrot (deterioro del estado mental como resultado del consumo excesivo de contenido vacío).
Las causas son varias. Algunas razonables —hay muchos más canales para producir y distribuir información—, otras más perversas: el diseño de las redes sociales y sus algoritmos premian el contenido corto, trivial, fuera de contexto, en un scroll infinito que invita al consumo pasivo y no permite profundizar.
De repente han pasado 2 horas, estás agotada, enfadada o triste sin saber por qué y has perdido un tiempo que no volverás a recuperar.
2 reacciones, 1 problema
Si multiplicamos estas interacciones varias veces al día, no sorprende que la reacción sea buscar la desconexión total. Comprar teléfonos dummy, desinstalar aplicaciones, pagar por “experiencias” cuya propuesta de valor es sencillamente no poder usar el móvil. Literalmente pagamos para desconectarnos del ruido porque ya no nos reconocemos en nuestras propias cabezas.
Curiosamente, la reacción contraria también se ve.
Intentamos protegernos del ruido acaparando, acumulando toda la información que podemos. Como no hay tiempo suficiente para procesarla, nos consolamos guardándola para no perderla.
Pero cada artículo guardado que no lees es una tarea más sin terminar. Cada marcador en “favoritos” es un recordatorio de todo lo que no estás leyendo, viendo, aprendiendo. La información se acumula, pero nunca la integras realmente, así que la sensación de que el mundo avanza demasiado rápido para seguir el ritmo es cada vez mayor.
El problema no es que haya demasiada información. El problema es que lo solucionamos atendiendo a lo cuantitativo: consumir menos, hacer detox, guardar más, instalar más herramientas o desinstalarlas todas.
Pero miramos al sitio equivocado, porque ninguna de estas aproximaciones resuelve el problema real: nuestra propia relación con la información.
Tu relación con la información
Porque sí, igual que tenemos una relación con el dinero o la comida, tenemos una relación con la información que nos rodea.Y esa relación puede ser sana o nociva.
Así como los trastornos alimenticios empezaron a desarrollarse de manera exponencial cuando entramos en una era de abundancia alimentaria, en la era de la sobreabundancia de datos estamos desarrollando “trastornos informativos”. Se manifiestan así:
Atracones: Las horas en el scroll infinito, las 30 pestañas abiertas, los cientos de artículos guardados.
Hambre constante: Esa sensación de que nunca estás al día, de que no sabes lo suficiente, de que te falta algo crucial.
Digestión deficiente: Consumes sin procesar. Lees sin reflexionar. Acumulas sin integrar.
Mala nutrición: A pesar de consumir enormes cantidades de información, sigues sintiendo un vacío de conocimiento real.
Sentimiento de culpa: “Debería leer más”, “No puedo creer que no esté al tanto de esto”, “Me estoy quedando atrás”.
Con el tiempo, hemos aprendido que una relación sana con la comida no trata de restricción ni de disciplina férrea, sino de buenos hábitos y consciencia.
Con la información pasa lo mismo: una buena gestión de la atención pasa por tener una relación sana con la información, no por desconectarnos o acaparar, sino por elegir cómo y cuándo consumimos y qué hacemos con ello después.
Pero ¿cómo nos hacemos dueñas de nuestra atención cuando las fuerzas externas parecen imponer qué leemos y a qué ritmo?
Aquí es donde el concepto de “Jardín Digital” cobra más sentido que nunca.
El jardín digital
Un jardín digital no es una herramienta ni un método de productividad.
Es un entorno. Un espacio digital, apartado de los algoritmos, donde crear conexiones entre aquello que consumes, piensas, lees o escuchas, y donde puedes adoptar una postura distinta hacia la información.
En vez de consumir recostada, de manera pasiva, dejando que las cosas simplemente te pasen por encima, te inclinas hacia adelante y estás presente, activa.
Si encuentras algo que resuena —en redes sociales, en un podcast, en un libro— en vez de seguir haciendo scroll, te paras. Y te invitas a ti misma a la conversación con eso que acabas de encontrar.
El movimiento consta de dos pasos:
Primero, anotas lo que te ha movido: la pregunta que te ha generado, la conexión que acabas de ver con algo en lo que llevas semanas pensando. No tienes que desarrollarlo del todo ni tiene que ser brillante; es tuyo y es para ti.
El objetivo es plantar la semilla, dejar una huella de tu propio pensamiento. Eso lo haces escribiendo, tomando nota de lo que tú misma notas.
Ese gesto, ese acto revolucionario de parar y escribir sobre lo que te rodea, es lo que hace que la información pase a través de ti en vez de pasarte por encima.
El segundo paso es asegurarte de que esa nota viva en una herramienta digital que te permita conectarla con otras. Esta conexión se llama backlink (un enlace bidireccional, como los de Wikipedia1)
La clave es saber que esa nota estará ahí cuando quieras volver a ella y que podrás relacionarla con otras cuando llegue el momento.
Y aquí aparece otro beneficio de cultivar un jardín digital: no hay deudas pendientes.
En un jardín, algunas cosas crecen rápido y otras tardan meses en dar frutos, incluso años en tener cuerpo. Algunas se secan (quizá no eran tan importantes como parecían al principio) y otras florecen por temporadas.
Lo único que tienes que hacer en un jardín es aparecer. Con atención, con curiosidad genuina por lo que está creciendo.
Con el tiempo, esas semillas se van desarrollando: una nota de hace seis meses de repente tiene una conversación con algo sobre lo que estás pensando hoy. Una pregunta que te dejaste abierta encuentra respuesta cuando lees algo nuevo o trabajas en algo concreto.
Hay otro factor que hace especial este sistema: al ser el registro de tu propio pensamiento, esas notas y sus conexiones siempre serán únicas. Porque nadie más tiene tu historia, tu manera de mirar, tu mezcla específica de curiosidades.
Y, a medida que vayas tomando nota de más cosas y creando conexiones entre ellas, empezarás a ver patrones: qué áreas de conocimiento te interesan más, a qué preguntas o temas sueles volver.
Lo que cambia
Este modelo cambia dos cosas fundamentales: cómo interactúas con la información que llega y cómo te relacionas con la que ya tienes.
La pila de cosas guardadas deja de ser una deuda y se convierte en un banco de ideas a las que puedes volver cuando tengas una lente nueva con qué mirarlas.
Esa es la diferencia entre tener un cajón en el que guardas información y tener un jardín en el que cultivas conocimiento.
En el jardín no acumulas, sino que formas nuevos modelos mentales; estás construyendo perspectiva propia.
Y, por el camino, algo más cambia:
Tu manera de estar presente en el mundo.
Cuando sabes que tienes un espacio que funciona como santuario mental —alejado del ruido y el contenido diseñado a medida— dejas de consumir con ansiedad.
Dejas de guardar “por si acaso” porque poco a poco vas creando tu propio filtro, uno configurado por tus intereses, tus proyectos, tus inquietudes.Y por ese filtro sólo pasa aquello que resuena, aquello que tiene sentido y significado para ti.
Así es como te proteges del ruido y desarrollas tu punto de vista único.
Y desarrollar y afinar tu punto de vista, en un mundo de hiperabundancia de estímulos y “contenido”, se convierte en una cuestión de supervivencia intelectual.
Hace tiempo que defiendo que nuestra atención no es solo un recurso cognitivo que haya que proteger.
Es también algo a cultivar y a honrar, el criterio con el que construimos nuestro mundo interior. Lo que dejamos entrar y lo que no.
Hay una conexión etimológica aquí que me gusta subrayar por lo significativo:
La palabra «curiosidad» tiene su raíz en el latín «cura»: cuidado, atención, preocupación por algo.
Por eso en el mundo del arte se llama «curar», no a almacenar obras de arte, sino a construir relaciones entre ellas, a decidir qué merece la pena conservar o no basándose en un significado que se crea en ese mismo ejercicio.
La curiosidad no es encontrar cosas interesantes de manera pasiva. Es, literalmente, cuidar de tu mente lo suficiente como para decidir qué merece tu atención.
La curiosidad no te ocurre; eliges ejercerla.
Curar tu dieta informativa es una práctica activa de construcción de significado.
El jardín digital es donde esa práctica ocurre: donde prestas atención de manera intencionada, donde decides qué entra, qué conectas, qué dejas crecer.
Ese criterio define qué tipo de pensadoras somos y qué tipo de cosas somos capaces de crear.
La pregunta no es cómo consumir menos o cómo ser más eficientes gestionando información.
La pregunta es qué tipo de relación quieres tener con tus ideas, con tu propia curiosidad.
Y si el sistema que tienes ahora te está ayudando o no a cultivarla.
🎙️ Episodio de la semana: #263 La vía del eterno aprendiz
Un capítulo para dar sentido a la vida a través de la curiosidad. Porque dejar de aprender es la forma silenciosa de dejar de vivir. Por el camino:
🐪 Las tres transformaciones de Nietzsche
🥋 La mente de principiante
🐦 El pájaro de Feynman
➕ Y mucho más
Web | Apple | Spoti | iVoox | YT
🎟️ Entradas para el próximo kaizen en directo
¿Te apetece venir a una grabación de kaizen?
El próximo martes 24 de marzo a las 19:15 grabaremos un capítulo en directo con Joan Tubau para presentar en Madrid su libro: F*ck You Money.
👉 Entradas aquí.
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👁️ Nunca se han publicado tantos libros y nunca ha sido tan difícil que alguien los lea “de verdad”. ¿Tienen futuro? Si sí, ¿Cuál? Descúbrelo en esta recomendación de la comunidad.
📅 El encuentro online de este mes será el 25 de marzo, de 18:30 a 20:00. Y hablaremos de:📚 Watchmen, de Alan Moore (¡por fin!), 🎬Amanece, que no es poco, de José Luis Cuerda y debatiremos 🍈 sobre si debe prevalecer el derecho al anonimato en internet o debemos aceptar los mecanismos de control que se están planteando (límites de edad, persecución de fake news). Todavía puedes apuntarte aquí.
📌 Consulta todos los encuentros de primera mitad de 2026 desde el calendario oficial.
💭 Elena nos recomienda: «Information Anxiety» y tener un conjunto de preguntas abiertas
Aunque quizá sea café para los muy cafeteros, tirando del hilo del jardín digital y de cómo sobrevivir en la era de la sobreinformación, no puedo no mencionar a Richard Saul Wurman y su libro Information Anxiety: un libro que plantea cuestiones muy interesantes sobre lo que podría llamarse la “gestión del conocimiento“, pero desde un marco no tan convencional, el del diseño.
Wurman acuñó el término “arquitectura de la información“ en los años 70 y fundó las conferencias TED (luego llamadas TED Talks) en 1984.
Para hacerte una idea de su clarividencia, este libro se publicó en 1989; antes de internet y de las redes sociales, lo que lo convierte en un diagnóstico asombrosamente preciso de lo que vino después.
Incluso entonces, su tesis era certera: la mayoría de lo que llamamos “información” no lo es. Sólo son datos.
Información, en su acepción original, es únicamente aquello que modela la mente o el carácter, que cambia tu comprensión de algo.
Todo lo demás es ruido.
Y pasar de información a conocimiento requiere un paso más: conectarla con lo que ya entiendes, con lo que te importa.
Un hilo del que tirar, muy adecuado para esta newsletter:
«Aprender es acordarte de lo que te interesa».
Volvemos, inevitablemente, a la curiosidad. La curiosidad compone, pero es un trabajo activo.
→ Sólo encontramos sentido a las cosas conectándolas con lo que ya sabemos.
→ Pero no se convierten en significativas hasta que no podemos conectarlas con nuestros intereses particulares, nuestros objetivos, nuestras intenciones.
Si es imposible saberlo o aprenderlo todo, aprendamos a hacernos las preguntas correctas, e incluso intentemos tener un conjunto de preguntas siempre abiertas que nos sirvan como filtro para distinguir entre el ruido y lo que es de verdad importante.
La funcionalidad de backlinks es algo que la mayoría del software ahora mismo permite. Personalmente, mi opción favorita para construir un Jardín Digital es Obsidian, pero no es la única con la que puedes hacer esto! Notion o Bear también son grandes opciones. Si quieres empezar de cero, cualquier herramienta donde puedas tomar notas y conectarlas entre ellas te servirá. Puedes ir sofisticando tu stack más adelante cuando vayas viendo qué tipo de pensadora o tomadora de notas eres 😉






